La ilustración muestra cómo destellos rápidos de radio (FRBs) alcanzan la Tierra – Jingchuan Yu, Beijing Planetarium / NRAO

Hace apenas dos días, Abraham Loeb, investigador del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, proponía que los misteriosos FRBs, rápidos y fuertes destellos de radio de origen desconocido, podrían estar siendo emitidos por civilizaciones extraterrestres desde galaxias muy lejanas, situadas a miles de millones de años luz de nosotros. Para Loeb y sus colegas, los destellos podrían proceder de gigantescos emisores de tamaño planetario, utilizados para impulsar grandes naves espaciales a vela de hasta un millón de toneladas en sus viajes interestelares, incluso intergalácticos.

Ahora, y en un artículo que se publicará próximamente en Monthly Notices of the Royal Artronomical Society, el mismo investigador solicita la colaboración ciudadana para conseguir, a través de sus teléfonos móviles, detectar destellos rápidos de radio también en nuestra propia galaxia.

Los FRBs (Fast Radio Bursts o destellos rápidos de radio), son breves estallidos, de apenas unos pocos milisegundos de duración, cuyo origen sigue siendo un misterio. Durante la pasada década (el primer FRB fue detectado en 2007), los astrónomos han identificado menos de dos docenas de estas enigmáticas emisiones, utilizando para ello algunos de los mayores radiotelescopios del mundo, como el de Arecibo, en Puerto Rico, o el Observatorio Parkes, en Australia. Sin embargo, por ahora solo se ha sacado en limpio que uno de esos destellos procede de una galaxia que se encuentra, ni más ni menos, que a 3.000 millones de años luz de distancia.

El resto de los FRBs conocidos parecen venir, también, de galaxias muy distantes, pero nadie ha captado uno que proceda de una galaxia cercana, y mucho menos de nuestra propia Vía Láctea. Para Loeb, sin embargo, no existe razón alguna para que, de vez en cuando, no se produzca un FRB también en nuestra galaxia. Si así fuera, los investigadores sugieren que sería “lo suficientemente fuerte” como para que un red global de teléfonos móviles, o de pequeños receptores de radio, pudieran “escucharlo”.

“La búsqueda de destellos rápidos de radio cercanos -afirma Loeb- ofrece una oportunidad para que la ciencia ciudadana ayude a los astrónomos a encontrar y estudiar a una de las especies más nuevas del zoo galáctico“.

Los demás FRBs, en efecto, se detectaron en frecuencias de radio que coinciden con las que usan nuestros smartphones y los dispositivos domésticos que se conectan a redes WiFi. Así, los que quisieran colaborar podrían descargar en sus móviles una app gratuita (que aún no existe) que se ejecutaría en segundo plano, sin molestar al usuario, supervisando las frecuencias apropiadas y enviando los datos a un centro de procesamiento.

Miles de teléfonos a la vez

“Un FRB en la Vía Láctea -explica por su parte Dan Maoz, de la Universidad de Tel Aviv y coautor del artículo-, es decir, en nuestro propio patio trasero, inundaría toda la Tierra a la vez. Si miles de teléfonos móviles recibieran una señal de radio casi al mismo tiempo, sería una muy buena señal de que hemos localizado un evento real“.

Sin embargo, encontrar un destello rápido de radio en nuestra galaxia podría requerir una buena dosis de paciencia. De hecho, y basándose en los pocos FRBs detectados hasta ahora, todos muy lejanos, Maoz y Loeb estiman que uno nuevo podría aparecen en la Vía Láctea una vez en intervalos que oscilns entre los 30 y los 1.500 años. Aunque también podría ser mucho antes. En efecto, y dado que algunos FRBs son conocidos por estallar repetidamente, tal vez durante décadas o siglos enteros, podría ser que, en estos mismos momentos, hubiera alguno “vivo” en nuestra galaxia. Y si así fuera, podría estarse repitiendo anual, o incluso semanalmente.

Los investigadores indican que, incluso más que los teléfonos móviles, una red de pequeños detectores especializados podría resultar muy útil en la búsqueda de FRBs cercanos. Esos detectores costarían menos de 10 euros cada uno y podrían conectarse al portátil o al ordenador de sobremesa a través de uno de los puertos USB. Si miles de estos detectores se instalaran alrededor del mundo, especialmente en zonas libres de interferencias de radios terrestres, entonces la búsqueda podría ser cuestión de muy poco tiempo.

Encontrar un destello rápido de radio tan a mano, además, ayudaría a averiguar si su origen se debe a algún tipo de fenómeno natural aún desconocido, o si por el contrario resulta que la idea de Loeb sobre las naves alienígenas era la correcta. Como dijo el propio investigador, “Vale la pena sembrar nuevas ideas, y dejar después que sean los datos los que juzguen”.

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