El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, advirtió este viernes que su gobierno perseguirá a los narcotraficantes sin importar quiénes sean, luego de que un capo hondureño acusó al expresidente Porfirio Lobo (2010-2014) de vínculos con el narcotráfico, durante una declaración ante un tribunal de Nueva York.

En un mensaje de radio y televisión, el gobernante aseguró que su administración despliega “una lucha frontal contra los criminales sean quienes sean” y “se metan donde se metan”.

“Nadie está por encima de la ley”, afirmó Hernández.

El expresidente Lobo fue vinculado al tráfico de drogas por Devis Leonel Rivera Madariaga, un exlíder del cártel hondureño Los Cachiros que se entregó a la agencia antidrogas estadounidense (DEA) en diciembre de 2015, al testificar el pasado lunes en el juicio que un tribunal de Nueva York sigue contra el hijo del exgobernante, Fabio Lobo.

Fabio Lobo está acusado de colaborar con Los Cachiros en una conspiración para enviar cocaína a Estados Unidos.

Rivera también involucró al actual ministro de Seguridad, Julián Pacheco, a dos diputados, Oscar y Fredy Nájera, al alcalde de Tocóa (noreste), Adán Fúnez, y a la acaudalada familia Facussé.

Todos los aludidos rechazaron las acusaciones y la fiscalía anunció el inicio de investigaciones con el apoyo de la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH), un organismo creado por la Organización de Estados Americanos (OEA), a petición de Hernández.

Los medios de comunicación de Honduras se hicieron eco de las denuncias del miembro de los Cachiros, quien aseguró tener fotos y videos como pruebas de sus denuncias y confesó haber asesinado 78 personas en el marco de la guerra del narcotráfico.

Durante más de tres horas y media, Rivera declaró ante la jueza Lorna Schofield que sus supuestos contactos con los Lobo, con políticos -algunos aún en funciones-, con la policía y militares ayudaron al cártel a recibir toneladas de cocaína en Honduras, uno de los países con la mayor tasa de homicidios del mundo.

La droga, proveniente de Colombia o Venezuela, atravesaba Honduras y se dirigía luego a Guatemala, México y finalmente a Estados Unidos, según la versión.

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