Hasta el día de hoy, muchos de nosotros pensamos que la cirrosis solo afectaba a aquellas personas que tenían problemas en su forma de beber; es decir sufrían de alcoholismo. Sin embargo, esto está lejos de ser verdad por completo.

En la cirrosis el tejido sano del hígado es sustituido por tejido cicatricial, el cual bloquea parcialmente la circulación de la sangre a través de este órgano”, así lo describe la National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases.

La cicatrización también deteriora otras capacidades del hígado como son: el control de las infecciones, eliminación de las bacterias y toxinas en la sangre, procesar los nutrientes, hormonas y medicamentos…

Síntomas y un poco más

Este padecimiento tiene diversas causas, entre las cuales se haya el alcohol; sin embargo, éste no es el origen más frecuente de la cirrosis en su lugar está la obesidad y la hepatitis C, ambas provocan un daño hepático.

Debido a que los factores que influyen su desarrollo son tan comunes en nuestra sociedad es esencial que aprendamos a distinguir sus síntomas:

Debilidad
Fatiga
Debilidad
Pérdida del apetito
Náuseas
Vómito
Pérdida de peso
Dolor abdominal e hinchazón cuando se acumula líquido en el abdomen picazón
Los vasos sanguíneos arañitas cerca de la superficie de la piel

¿Cómo se trata la cirrosis?

Además de dejar a un lado el consumo de sustancias nocivas, es necesario llevar una dieta baja en grasas, alta en nutrientes y fibra vegetal. Sin embargo, en algunos casos el hospital es necesaria, ya que, para eliminar los líquidos del cuerpo, bacterias u otras complicaciones se requiere de la asistencia médica.

Aunque la cirrosis es más frecuente en hombres, también las mujeres lo pueden sufrir por lo que es importante que los tomes en cuenta.

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