Por coincidencia se presentaron este jueves en la fiscalía dos casos de ancianas maltratadas quienes, con profundo pesar, narraron a los medios de comunicación el maltrato que le dan sus hijos, con agresiones que van desde la amenaza de muerte hasta lesiones.

Muy acongojada, doña Esperanza Garibo Bravo, de 84 años de edad, describe todo el infierno que vive al lado de su hijo drogadicto y bebedor, José Luis Vera, quien tiene aterrorizada a la familia y a ella amenazada de muerte; “mi hijo se droga y bebe, toca la guitarra, gana buen dinero y todo se lo gasta, yo tengo mi pensión”, dice la anciana postrada en su silla de ruedas.

El deseo de doña Esperanza es que alguien la ayude para meter a José Luis a un anexo, por lo que fue acompañada de sus hijas para denunciarlo ante la autoridad fiscal de justicia, pues dice: “me pide dinero y me amenaza; una de mis hijas me lleva comida y ya me recogió la tarjeta (bancaria)” para que el sujeto –de 61 años de edad- no se apodere de lo que recibe de su pensión, mientras las necesidades menudean en casa donde hay que reparar goteras por todos lados.

Cuatro mujeres y otro varón conforman el conjunto de hijos de doña Esperanza quien exclama: “Me siento muy triste y lloro mucho”, recordando que en otros tiempos su casa se llenaba con sus hijos y nietos que la llegaban a ver y que ahora ya no lo hacen porque le tienen miedo a José Luis, situación que la hace pensar que ella podría irse muy lejos de su hogar, situado en la calle Cinco de Mayo número 26 de esta ciudad.

El otro caso de maltrato tiene como víctima a la anciana Agripina Solís Sánchez, de 85 años de edad, proveniente de Ignacio Allende El Grande municipio de Hidalgotitlán, quien también fue acompañada por algunos de sus nueve hijos para denunciar ante la fiscalía a sus hijas Juana y Josefina Hernández Solís y a sus nietas Rosalba e Isela Gutiérrez Hernández, a quienes considera unas mujeres desalmadas que la despojaron de sus bienes y la echaron a la calle, no sin antes agredirla físicamente causándole lesiones en su brazo izquierdo que trae vendada.

Las malas hijas que no agradecen a quien les dio la vida, corrieron a su mamá de la casa y se apoderaron de sus posesiones que consisten en 40 hectáreas, dijo uno de sus hijos quien abundó: “no podíamos hacer nada, hasta que hablará y ya empezó a hablar”.

Más aún, hijas y nietas amenazan con “hacerla picadillo, meterla a una bolsa” e irla a tirar a algún paraje, de acuerdo a lo narró la familia.

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