El yerno y asesor del presidente Donald Trump, Jared Kushner, admitió ayer, en una declaración a puerta cerrada en el Senado de Estados Unidos, que tuvo contactos con Moscú durante la campaña electoral de 2016 y el período de transición.

Kushner compareció precisamente en el marco de las investigaciones del Congreso estadunidense sobre los vínculos entre la campaña de Trump y el gobierno ruso, y para determinar si se confabularon o no para perjudicar a la rival del republicano, la demócrata Hillary Clinton.

En este sentido, el yerno de Trump negó de forma tajante que sus vínculos, ya revelados por la prensa en los últimos meses, representaran cualquier tipo de negligencia. “No cometí actos de colusión con Rusia, ni sé de nadie más en la campaña que lo hiciera”, dijo Kushner en una declaración ante la prensa en la Casa Blanca, en la que resumió su testimonio ante el Senado, al que no tuvieron acceso los medios.

“No mantuve contactos inapropiados. No he dependido de fondos rusos para financiar mis actividades empresariales, y he sido totalmente transparente al proporcionar la información solicitada” por el FBI y el Congreso, añadió.

Además, Kushner explicó a los medios que su suegro ganó las elecciones de noviembre porque “tenía un mensaje mejor y dirigió una campaña mejor” que los demócratas, y afirmó que “sugerir otra cosa ridiculiza a los que votaron por él”.

LOS CONTACTOS. Aunque admite los contactos, Kushner trata de minimizar tanto la relevancia de los mismos como su papel en los episodios descritos, negando algunas de las afirmaciones que han aparecido en la prensa estadunidense.

Por ejemplo, sobre la última polémica, la reunión que tanto él como Donald Trump Jr. como el entonces jefe de campaña, Paul Manafort, mantuvieron en junio de 2016 con una abogada muy cercana a Vladímir Putin con el supuesto fin de obtener información dañina de Clinton. Kushner se excusó diciendo que no leyó los correos electrónicos que le mandó el primogénito del presidente, y que ni sabía con quién se estaba reuniendo.

Otro de sus contactos fue dos meses antes con el recientemente reemplazado embajador ruso en Washington, Serguéi Kislyak, de quien Kushner dijo que ni recordaba su nombre al día siguiente de las elecciones.

También negó que sugiriera a Kysliak, en otra reunión del 1 de diciembre de 2016, crear un canal secreto de comunicaciones con Moscú, y aseguró que eran los generales rusos quienes querían aportar a Trump información sobre la guerra en Siria, a lo que Kushner replicó que mejor una vez fuera investido.

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